El deporte se define como una actividad positiva para el bienestar físico y emocional, pero también como una gran herramienta de cambio social, de inclusión y como una escuela de valores.

Así lo ha entendido también la Organización de las Naciones Unidas (ONU), quienes sostienen que a través del fomento del deporte en todas las regiones del mundo, se puede contribuir al cumplimiento de los 17 Objetivos para el Desarrollo Sostenible (ODS) establecidos en la Agenda 2030. Se trata de un plan de acción lanzado en 2015 que busca garantizar y generar mejores prácticas políticas, económicas y sociales en pro de la humanidad y su futuro. 

Fuente: ONU


Realizar deporte trae múltiples beneficios, entre estos una mejor salud física y mental. Al practicar ejercicio, nuestro cuerpo desarrolla fuerza, agilidad y destreza, lo que disminuye los riesgos de sufrir problemas cardíacos, vinculados muchas veces al sedentarismo y la mala alimentación. Además, combate la aparición de enfermedades no transmisibles como la diabetes.

En cuanto a la salud mental, el deporte genera liberación de hormonas, como la dopamina o la endorfina, que mejoran nuestro ánimo y disminuyen los niveles de ansiedad y estrés en el cuerpo. (ODS 3)

Sumado a lo anterior, es importante mantener una alimentación adecuada y balanceada, ya que se requiere gastar más energías a la hora de hacer deporte para no sufrir cambios abruptos en el organismo que puedan afectar a nuestra salud. Esto mismo, genera consciencia sobre una alimentación segura y el desperdicio de la comida. (ODS 3 y 2)

Por otro lado, el deporte es una herramienta de inclusión y participación activa. Muchas personas como inmigrantes, refugiados, o con discapacidad buscan a través del deporte una manera de integrarse a la comunidad. Así mismo, dentro de la diversidad e inclusión social, se generan instancias de empoderamiento y liderazgos que ayudan a derribar barreras impuestas por la sociedad, como el machismo y la discriminación racial. (ODS 5 y 10)

En esta misma línea, el deporte es clave para una educación de calidad, ya que de su práctica fomenta el liderazgo y un mejor desempeño en labores educativas. Además, enseña valores como el respeto, el trabajo en equipo y el compañerismo, impulsando a un ambiente más armonioso y de paz. Esto también ayuda a disminuir los niveles de violencia, lo que promueve a la unidad y la cohesión social. (ODS 4 y 16)

En tanto al desarrollo económico, la práctica masiva del deporte genera que se construyan más recintos, en interior o exterior, que construyen un legado para las comunidades y son sostenibles en el tiempo. (ODS 7, 9 y11). Esto mismo fomenta la creación de empleos de calidad, que estén guiados bajo los valores del respeto y la cooperación. (ODS 1 y 8)

Los recintos deportivos cuentan con agua limpia que genera un grado de consciencia sobre la importancia de esta,  tanto para la higiene personal, sanitización del espacio y para su consumo personal al momento de practicar deporte. (ODS 6)

Además, el agua es uno de los recursos que más déficit tiene en el mundo por lo que muchos de los deportes acuáticos se podrían ver perjudicados en un futuro. Lo mismo pasa con otras disciplinas que se practican con la ayuda de la naturaleza, como los de nieve. Por lo mismo, es que el deporte ayuda a visibilizar el impacto que tiene la crisis climática en la preservación del medioambiente y a concientizar sobre la importancia de nuestros ecosistemas. (ODS 13,14 y 15)

Finalmente, el deporte puede mejorar la concientización hacia los estilos de vida sostenible, impactando en una mejor calidad de vida tanto para los individuos como para sus comunidades (ODS 12 y 17). Son estas últimas quienes tienen el poder de crear alianzas que impulsen el desarrollo de organizaciones deportivas, con el fin de aportar tanto fuera como dentro de la cancha.




 

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